domingo, enero 30, 2011
ALFA
Cubero
El día que vi que el trastorno de despersonalización estaba asociada a la ansiedad, sentí un gran alivio. Mucho antes, en la Facultad, una psicóloga que tenía más rasgos psicóticos que yo me espetó como recitando el Corán (o el Talmud o el DSM - IV) que aquellos síntomas eran signos de una psicosis inminente. Valiente gafotas de rasgos visigodos. "Yo no tengo la culpa de que tengas que fortalecer tu ego maltrecho a base de diagnósticos salvajes, puta" - Me dije, y me tome un café con leche descafeinado de máquina, porque la cafeína y el lactato sódico son desencadenantes de ataques de angustia.
Luego pasaron los años y era yo el que respondía con la misma dureza, esgrimiendo verdades que bien podrían "decirse de otra manera".
Yo no tengo la culpa de no ser ponderado en un local como el Alfa. Allí se va a beber y a bailar música negra. Yo, después de hacer lo primero, hice lo segundo. Con poco vigor, cabe decir, y muy alejado de las originales figuras de James Brown (ni boogaloos ni camel walks). Por eso, cuando aquella chica en la barra me preguntó qué podría hacer ante su vinculación con un exnovio bipolar y negligente con la medicación, me puse a sudar. Le dije que el trastorno bipolar era un desorden severo, psicótico y que la variabilidad conductual eran adictivas. Ya lo son los trastornos límites de personalidad: relaciones estimulantes pero tormentosas y, dada la sociedad hedonista como la presente, condenadas al fracaso. Y me quedé tan pancho.
Quizás porque en el Alfa se va a beber, a bailar y a ligar y no tenía intenciones de entablar amistad con una mujer. Y mucho menos convertirme en una colchoneta emocional para una recién llegada ¡Ni que a mí me gustaran los problemas ajenos! No tengo necesidad de emplear mis recursos mentales para explicitar problemas que todo el mundo sabe.
Yo no poseo un conocimiento profundo sobre la fauna local, pero cuando me pica un mosquito me rasco sin pedir consejo (porque me lo pide el cuerpo). Cuando me excedo y sangro, me pongo vinagre y escuece una barbaridad - cierto - pero llego a comprender porque hay gente que disfruta con el dolor.

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